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Oraciones de la Divina Voluntad

  • Foto del escritor: Jesus Reza
    Jesus Reza
  • 16 jun
  • 2 min de lectura


Un poco de contexto


Cada vez que rezamos el Padre Nuestro, pedimos una cosa asombrosa. Que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo. Rezar con la Divina Voluntad es tomar en serio esa frase, y empezar a entregarle no solo nuestros actos sino nuestra voluntad misma, para que Su vida se vuelva la vida de nuestra alma.


Una palabra de honestidad. Los escritos más completos sobre vivir en la Divina Voluntad llegaron a través de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, cuya causa sigue abierta y cuyos libros se estudian bajo la guía de la Iglesia. Aquí no los reproducimos. Lo que sigue son oraciones sencillas y probadas por el tiempo que pertenecen a toda la Iglesia, y son más que suficientes para empezar. Para profundizar, lee bajo la guía de la Iglesia, con un buen sacerdote.


El corazón de todo es algo pequeño y repetible. Señor, no mi voluntad, sino la Tuya. Dicho por la mañana. Dicho otra vez al mediodía. Dicho una vez más cuando llega lo difícil.


Oremos


1. Empieza el día ofreciéndoselo todo a Él.

Antes de poner los pies en el suelo, reza el Ofrecimiento de la mañana:

Oh Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, te ofrezco mis oraciones, obras, alegrías y sufrimientos de este día, en unión con el Santo Sacrificio de la Misa en todo el mundo. Te los ofrezco por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón, por la salvación de las almas y en reparación de los pecados. Amén.


2. Reza el Padre Nuestro despacio, y detente en una línea. 

Rézalo como si fuera la primera vez. Cuando llegues a hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, detente ahí. Dilo otra vez. Deja que cale. Esa es toda la oración en pocas palabras.


3. A lo largo del día, entrega cada cosa según llega.

No necesitas oraciones largas. Al empezar una tarea, una conversación, una dificultad, respira una sola línea: Jesús, esto lo hago contigo, y por Ti. Tu voluntad, no la mía.


4. Cuando llegue algo difícil, devuélveselo.

En vez de tensarte contra ello, intenta rezar: En Tus manos, Señor. Hágase en mí. Este es el Fiat, el sí de María, dicho otra vez en ti. Vas a tomar de vuelta la preocupación cinco minutos después. Entrégala otra vez. Mil pequeños síes son la manera en que una vida cambia.


5. Termina el día soltando. 

Antes de dormir, entrégale lo que quedó sin terminar y sin resolver. Es Tuyo, Señor. Te lo confío durante la noche. Y descansa.

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Jesus Prays

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