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Dios te habla.

A veces imaginamos que el cielo se quedó callado hace mucho. Que Dios dijo lo que tenía que decir, cerró el libro, y dio un paso atrás para mirar. No fue así. La plenitud de lo que necesitamos saber se dio una sola vez, en Jesús, y la Iglesia la guarda entera. Pero Jesús no dejó de amarnos cuando se escribió la última página de la Escritura. A lo largo de los siglos ha seguido apareciéndose a almas humildes, abriendo Su corazón, y pidiéndoles que lleven a los demás lo que vieron.

Estos son los mensajes del cielo. No verdades nuevas apiladas sobre la fe. El mismo Jesús, acercándose más en una hora concreta, para decir lo único que seguimos olvidando. Aquí estoy. Te amo. Acércate.

Todo nace de un solo amor.​

Antes de que leas otra palabra, ten esto presente. Cada una de estas revelaciones brota de una sola fuente. Su amor. Su misericordia es ese amor que se encuentra con nuestro pecado. Su Sagrado Corazón es ese amor hecho visible. Su Divina Voluntad es ese amor que te invita a entrar. Su Divina Esencia es ese amor seguido hasta su origen, la vida interior de Dios. Cuatro ventanas. Un solo Corazón. Si solo tienes tiempo para una página, empieza por Su amor.

Por más de cuatrocientos años, Jesús ha escogido a personas comunes y les ha mostrado algo extraordinario.

A Santa Margarita María le mostró el fuego de Su Sagrado Corazón en un convento francés. A Santa Faustina le pidió que pintara Su misericordia para que ningún pecador desesperara jamás. A la Sierva de Dios Luisa Piccarreta le enseñó a vivir dentro de Su voluntad. A la Beata Conchita, esposa y madre de nueve hijos, la atrajo a lo profundo de Su vida interior. Distintos santos. Distintos siglos. Distintos países. Un mismo Señor, diciéndole lo mismo a cada uno.

Una palabra sobre cómo leerlas

Estas revelaciones son lo que la Iglesia llama revelación privada. No añaden nada a la fe que recibimos de los apóstoles, y no nos obligan como nos obliga la Escritura. Lo que hacen es ayudarnos a vivir lo que Él ya nos dijo, con una urgencia nueva, en nuestro propio tiempo. La Iglesia pesa cada una con gran cuidado. Nosotros seguimos su juicio, las leemos a la luz de la Escritura, y mantenemos los ojos en Aquel al que todas señalan. Con Luisa Piccarreta, cuya causa sigue abierta, compartimos el corazón de su mensaje y dejamos el resto a la Iglesia. Él sigue hablando. La única pregunta es si estamos escuchando.

"Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por medio de los profetas; en estos días, que son los últimos, nos ha hablado por medio del Hijo."
Hebreos 1:1-2

Jesus Prays

Compartiendo los mensajes del Cielo y acercando los corazones a Dios.

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