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Su Divina Misericordia

  • Foto del escritor: Jesus Reza
    Jesus Reza
  • 16 jun
  • 2 min de lectura
Divine Mercy

Nadie está fuera de Su misericordia. Ni siquiera tú.


Si alguna vez pensaste que ya no tenías salvación, esta página es para ti.

 

Ese pensamiento, el de que ya fuiste demasiado lejos, hiciste demasiado, esperaste demasiado, es una de las mentiras más viejas que existen. El mensaje de la Divina Misericordia existe para romperla. Su centro es una sola frase. Su misericordia es más grande que tu pecado. Siempre. No hay una excepción con tu nombre.

 

En los años treinta, en Polonia, al borde de la década más violenta que el mundo había visto, Jesús se le apareció a una joven religiosa, pobre y casi sin estudios, llamada Sor Faustina Kowalska. Vino como el Rey de la Misericordia, vestido de blanco, con dos rayos de luz brotando de Su Corazón. Uno pálido, uno rojo. El rayo pálido por el agua que limpia las almas. El rojo por la sangre que les da vida. Los dos brotando del Corazón que fue abierto por una lanza en la cruz.

 

Le dio una misión para el mundo entero, y le pidió que la escribiera. Llenó un diario con Sus palabras. No era teóloga. Era un alma en la que Él confió. Le dijo con claridad que no quería castigar a un mundo herido. Quería sanarlo, apretándolo contra Su Corazón misericordioso.

 

La Iglesia estudió su diario con cuidado, como debía. Y en el año 2000, el Papa Juan Pablo II canonizó a Faustina, la primera santa del nuevo milenio, e instituyó el Domingo de la Divina Misericordia para toda la Iglesia.


Cómo nos pide recibirla


La Imagen

Jesús pidió que se pintara una imagen suya tal como Faustina lo vio, firmada con tres palabras abajo: Jesús, en Ti confío. El poder no está en la pintura. Está en la confianza que la imagen despierta en nosotros.



La Coronilla

Una oración poderosa de misericordia, rezada en las cuentas comunes del rosario en pocos minutos. Jesús prometió que hasta el pecador más endurecido, rezándola con confianza, recibiría Su gracia.


La Novena

Nueve días de la Coronilla, que empieza el Viernes Santo. Cada día Él lleva a un grupo distinto de almas al océano de Su misericordia, hasta llegar a las más difíciles, las tibias y las indiferentes, el último día.



La Hora de la Gran Misericordia

Las tres de la tarde, la hora en que murió. Nos pidió detenernos entonces, aunque sea un momento, y sumergirnos en Su Pasión.



El Domingo de la Divina Misericordia

El primer domingo después de Pascua. Jesús lo llamó un refugio, un día de gracia extraordinaria, hecho sobre todo para las almas que se sienten más lejos de Él.



Lo que sea que hayas hecho, por más lejos que hayas andado, Su respuesta es la misma.


Vuelve. Aquí hay misericordia, y es para ti.


"Mientras más grande es el pecador, más grande es el derecho que tiene a mi misericordia." Diario de Santa Faustina, 723

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